INCONTRO CON I PARTECIPANTI AL CONGRESSO INTERNAZIONALE ECCLESIA
IN AMERICA (VATICANO, 9-12 DICEMBRE 2012)
, 09.12.2012
Si è aperta questa sera con una Celebrazione Eucaristica all’Altare della
Cattedra della Basilica Papale di San Pietro il Congresso Internazionale Ecclesia
in America sulla Chiesa nel Continente Americano, organizzato dalla
Pontificia Commissione per l’America Latina e dai Cavalieri di Colombo, con la
collaborazione dell’Istituto Superiore di Studi Guadalupani.
Alle ore 19 il Santo Padre ha raggiunto la Basilica Vaticana per rivolgere il
Suo saluto ai partecipanti. Questo il testo del discorso del Papa:
Señores Cardenales,
Queridos Hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio,
Apreciados Caballeros de Colón
Agradezco vivamente las palabras del Señor Cardenal Marc Ouellet, Presidente
de la Comisión Pontificia para América Latina, y me alegra que, junto a los
Caballeros de Colón, haya querido promover un Congreso internacional para
ahondar en la consideración y proyección de la Exhortación apostólica
postsinodal Ecclesia in America, del beato Juan Pablo II, y que recoge
las aportaciones de la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para
América. Saludo cordialmente a los Señores Cardenales, Obispos, sacerdotes y
personas consagradas, así como a los numerosos laicos venidos para participar
en esta importante iniciativa. Vuestros rostros me traen nuevamente a la mente y
al corazón los latidos del Continente americano, tan presente en la plegaria
del Papa, y cuya devoción a la Sede Apostólica he podido gratamente
experimentar, no sólo durante mis visitas pastorales a algunos de sus países,
sino cada vez que encuentro aquí a pastores y fieles de esas queridas tierras.
Mi venerado Predecesor, el beato Juan Pablo II, tuvo la clarividente
intuición de incrementar las relaciones de cooperación entre las Iglesias
particulares de toda América, del Norte, del Centro y del Sur, y, a la vez,
suscitar una mayor solidaridad entre sus naciones. Hoy dichos propósitos
merecen ser retomados con vistas a que el mensaje redentor de Cristo se ponga en
práctica con mayor ahínco y produzca abundantes frutos de santidad y
renovación eclesial.
El tema que guió las reflexiones de aquella Asamblea sinodal puede servir
también de inspiración para los trabajos de estos días: "El encuentro
con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad
en América". En efecto, el amor al Señor Jesús y la potencia de su
gracia han de arraigar cada vez más intensamente en el corazón de las personas,
las familias y las comunidades cristianas de vuestras naciones, para que en
éstas se avance con dinamismo por las sendas de la concordia y el justo
progreso. Por eso, es un regalo de la Providencia que vuestro Congreso tenga
lugar poco después de comenzar el Año de la fe y tras la Asamblea
general del Sínodo de los Obispos dedicada a la nueva evangelización, pues
vuestras deliberaciones contribuirán valiosamente a la ardua e imperiosa tarea
de hacer resonar con claridad y audacia el Evangelio de Cristo.
La citada Exhortación apostólica apuntaba ya a retos y dificultades que en
la hora actual siguen presentes con singulares y complejas características. En
efecto, el secularismo y diferentes grupos religiosos se expanden por todas las
latitudes, dando lugar a numerosas problemáticas. La educación y promoción de
una cultura por la vida es una urgencia fundamental ante la difusión de una
mentalidad que atenta contra la dignidad de la persona y no favorece ni tutela
la institución matrimonial y familiar. ¿Cómo no preocuparse por las dolorosas
situaciones de emigración, desarraigo o violencia, especialmente las causadas
por la delincuencia organizada, el narcotráfico, la corrupción o el comercio
de armamentos? ¿Y qué decir de las lacerantes desigualdades y las bolsas de
pobreza provocadas por cuestionables medidas económicas, políticas y sociales?
All these important questions require careful study. Yet in addition to their
technical evaluation, the Catholic Church is convinced that the light for an
adequate solution can only come from encounter with the living Christ, which
gives rise to attitudes and ways of acting based on love and truth. This is the
decisive force which will transform the American continent.
Dear friends, the love of Christ impels us to devote ourselves without
reserve to proclaiming his Name throughout America, bringing it freely and
enthusiastically to the hearts of all its inhabitants. There is no more
rewarding or beneficial work than this. There is no greater service that we can
provide to our brothers and sisters. They are thirsting for God. For this reason,
we ought to take up this commitment with conviction and joyful dedication,
encouraging priests, deacons, consecrated men and women and pastoral agents to
purify and strengthen their interior lives ever more fully through a sincere
relationship with the Lord and a worthy and frequent reception of the sacraments.
This will be encouraged by suitable catechesis and a correct and ongoing
doctrinal formation marked by complete fidelity to the word of God and the
Church’s magisterium and aimed at offering a response to the deepest questions
and aspirations of the human heart. The witness of your faith will thus be more
eloquent and incisive, and you will grow in unity in the fulfilment of your
apostolate. A renewed missionary spirit and zealous generosity in your
commitment will be an irreplaceable contribution to what the universal Church
expects and needs from the Church in America.
As a model of openness to God’s grace and of perfect concern for others,
there shines forth on your continent the figure of Mary Most Holy, Star of the
New Evangelization, invoked throughout America under the glorious title of Our
Lady of Guadalupe. As I commend this Congress to her maternal and loving
protection, I impart to you, the organizers and participants, my Apostolic
Blessing as a pledge of abundant divine graces.
[Todas estas importantes cuestiones requieren un esmerado estudio. Sin
embargo, más allá de su evaluación técnica, la Iglesia católica tiene la
convicción de que la luz para una solución adecuada sólo puede provenir del
encuentro con Jesucristo vivo que suscita actitudes y comportamientos cimentados
en el amor y la verdad. Ésta es la fuerza decisiva para la transformación del
Continente americano.
Queridos amigos, el amor de Cristo nos urge a dedicarnos sin reservas a
proclamar su Nombre en todos los rincones de América, llevándolo con libertad
y entusiasmo a los corazones de todos sus habitantes. No hay labor más
apremiante ni benéfica que ésta. No hay servicio más grande que podamos
prestar a nuestros hermanos. Ellos tienen sed de Dios. Por ello es preciso
asumir este cometido con convicción y gozosa entrega, animando a los sacerdotes,
a los diáconos, los consagrados y los agentes de pastoral a purificar y
vigorizar cada vez más su vida interior a través del trato sincero con el
Señor y la participación digna y asidua en los sacramentos. A esto ayudará
una adecuada catequesis y una recta y constante formación doctrinal, con
fidelidad total a la Palabra de Dios y al Magisterio de la Iglesia y buscando
dar respuesta a los interrogantes y anhelos que anidan en el corazón del hombre.
De este modo, el testimonio de vuestra fe será más elocuente e incisivo, y se
acrecentará la unidad en el desempeño de vuestro apostolado. Un renovado
espíritu misionero y el ardor y generosidad de vuestro compromiso serán una
aportación insustituible que la Iglesia universal espera y necesita de la
Iglesia en América.
Como modelo de disponibilidad a la gracia divina y de total solicitud por los
demás, resplandece en ese Continente la figura de María Santísima, Estrella
de la nueva evangelización, y a quien se invoca en toda América bajo el
glorioso título de Nuestra Señora de Guadalupe. A la vez que encomiendo a su
materna y amorosa protección este Congreso, imparto a sus organizadores y
participantes la Bendición Apostólica, prenda de incesantes favores divinos.]
[01657-XX.01] [Testo originale: Plurilingue]
[B0720-XX.01]